Elegía a mi abuela gallega, Marisa.

Volando en una carnavalada de aves espantadas,

 

Me detengo bajo el cobijo de una nube en aguacero

 

Y siento morir mis alas de madera cenicienta,

 

Y resplandezco en la caída al campanario de una iglesia.

 

 

Apoyo mis muletas en los rezos del luto y del rosario,

 

El firmamento esputa en la talla de mi espalda,

 

Como un fantoche cósmico disperso y contraído,

 

Que se escurre raquítico en un broquel de esperanzas.

 

 

¿A qué espera el acero esmaltado y brillante de la muerte?

 

Fundador de las exequias, fusible de mi furia, fustigador futuro.

 

A qué espera la vida para secar mi grito de gato inclusero,

 

A qué esperaba el camino para arrebatarme de los brazos del mar.

 

 

Eras tú con tu voz de mermelada lo que me mantenía pegada a la cuna,

 

Que ahora llevo en la mochila en un cestillo de letargo humedecido,

 

Eras tú palmoteando mis palacios imaginarios, panacea ante las penas

 

Que pelabas como gajos de naranja, con las que alimentar nuestras mascotas.

 

 

¿A qué huele Galicia ahora si no es a patatas asadas y ternura?

 

A qué huele Galicia, a druida muerto, naufrago borracho y nostálgico marinero

 

El mar gitano desnucándose entre las rocas puntiagudas de tus últimos latidos,

 

El mar varón mintiendo al origen femenino, el mar de magma quemándome la piel.

 

 

El mal del mar en abundancia dejándome su sello de marejada en la mirada,

 

Un maremágnum de lágrimas que zarpan antes de tiempo cada vez que pienso

 

En las orillas de nata y verso de gaviotas formando despedidas con las conchas

 

Con las que inundaba mi cubo de plástico, robando un océano para Castilla.

 

 

 

Castilla está llena de llanuras secas que surcan los meditabundos olivos,

 

Tú hubieras paseado por estas viñas de sangre perpleja,

 

Pidiendo permiso para sacar del morral la sal y el agua,

 

Y regar con tus caderas los atardeceres más mortales que he visto.

 

 

Yo sé que tú hubieras entendido la belleza de esos campos huérfanos,

 

Si antes de que el cielo ocluyera tus párpados,

 

Octogenaria ya, te hubiera llevado a ver velado el azul

 

Envuelto con el ocre, invasor del fruto castellano.

 

 

A mí me gustaría cederte mis ojos y que clavaras tus arrugas en mi espejo,

 

Y vinieras tras de mí en cuerda y genes, hasta la luz de mis veranos,

 

Y el lunar nuevo que arrastro cada invierno cuando llueve.

 

A mí me gustaría matar cien mariposas para verte.

 

 

Pudiera ser sirena que así vieras, que aunque Mamá se enamorara en tierra castellana

 

No hay nada que el mar pueda dejar de humedecer si quiera, nada que seque el aire

 

Que viene entre tormentas, nada que el olvido apague ni cierre cicatrices,

 

Cuando la muerte frágil se fragmenta al nombrarte: Reina, de las Mareas.

 

torre-de-hercules

 

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Me temo que soy un poco hipster

 

A mi amigo Luis, por regalarme “Los años de peregrinación del chico sin color” y por tantas cosas.

 

Murakami,

Y los días de regreso de la chica colorada.

 

Hipsters condensados en un grifo,

chorreando posters caducados con pelos retro,

pero no retrógados, graduados en la ciencia cierta,

del siglo de los que ya no creen en nada.

 

Ni si quiera cuando van al cine.

Se tragan palomitas infiltradas en mochilas psicodélicas,

a falta de tragarse mitos,

y vomitan la merienda en los jerseys underground,

                                         en los gorros calcetados,

tirando piedras contra su propio tejado.

 

¿Nadie tiene una ———————– (Imagina que significa el silencio) para

mendigar un par de monedas?

Y Murakami dice,

para todos aquellos que no hayan encontrado su sitio,

tan deprimente y bello,

como un cuervo practicando sexo con la boca llena de

muerte.

 

Le he visto los dientes a las viejas del rosario,

y no llegaremos a tener tantos como ellas,

ni nada en las manos a lo que rezar,

quizá la foto del nuevo nietodisco de jazz,

enlutado, colérico y enfermo,

tapado con la manta y el termómetro.

 

El jazz pidiendo piedad,

el jazz clamando un solo

TALADRANDO nuestro bosque de principios.

 

Perdonarme.

No

puedo

respirar

 

Me  tumbo a contraluz y me araño la cara.

Verso inquieto, hiperactivo, de psiquiátrico.

He visto a mi verso roer jaulas como quesos,

en una ratonera de voces rotas y roñosas.

 

La modernidad,

creciendo,

en una gorra.

 

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A Jhonny y June Cash.

Un tiburón muerde el arco que nos une,

Tu has tensado la flecha,

y soy tu cervatillo,

soy tu presa, tu presa ida de carne rota,

de carne insana, de carne verde y roja.

 

Para salir de tus garras de león,

necesito un ejército de murallas,

un ejército de esqueletos que te aterren,

un fantasma boquiabierto que te espante.

 

Pero tu no te marchas, no.

Me agarras un pezón y lo retuerces,

te amamantas de mí y de mi alma,

y a mí me duele dejarte, niño hambriento.

 

A mí me duele esquivar tus ojos verdes,

que se clavan como dos piedras que

lapidan mi intestino y me señalan

como bruja, nieta misma del infierno,

costurera del dolor y la quimera,

zombie del Hades desde la cuna,

oscura y poderosa,

desencajada y de encaje,

volando en una escoba de lágrimas negras,

hacia el cementerio de los vivos,

a golpe de vino y de flamenco,

en las gargantas laceradas de los pájaros

que me obligan a despertar.

 

Yo soy quien ahuyenta los buitres

carroñeros del desapego solar,

y bloquea tus puertas rosas,

tus panteras,

Tú.

 

Tu voz de caracola almidonada,

tu voz de violetas laceradas,

tu voz de mezcla vieja.

Café, sudor, café.

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Amar no debería ser

   “Amar no debería ser similar a estar a punto de caer por un precipicio”

 

   Y sin embargo lo es, porque está contaminado el aire y el universo es tan asimétrico como una sonrisa desdibujada, la que nos funde en tus brazos, erigiéndonos como dos naúfragos que se aferran a una palmera antes de partir.

   Y es necesario antes de todo esto mirarse a los ojos, escupirse en secreto y sentir lástima por ir juntos sí, juntos sí, pero a la deriva. O salvarse cada uno por su lado, a su propia isla desierta, con sus torres de oro y sus palacios de cristal y el alquitrán en el pecho y en las manos.

 

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Metro de Madrid. El mejor metro del mundo para escribir.

El chirriar de tiza de las escaleras mecánicas,

y los dientes murmurando la próxima estación.

El viento entre escalones que desenvaina mi falda,

el día a día, deshechado al último rincón.

 

Todo el mundo muere en el transbordo infernal,

y una capa de ilusiones pende del aire,

unos labios sellados y el gris paralizante,

en las colinas salvajes del último mendigo.

 

He madrugado para verle los zapatos a tu luna,

y contar las despedidas y despedidos,

que dejaron su rúbrica en estas barandillas.

 

Esquivo vuestras miradas de odio perplejo,

como una carcajada de una vieja friendo huevos,

y sigo escribiendo para revivir,

ya que se me está gastando la barra de la vida.

 

Al mismo tiempo que cuelga el aburrimiento,

dos monos de pasión a mi garganta,

fumemos el vacío,

es demasiado tarde para contar estrellas,

demasiado pronto para emborracharse.

 

Demasiado fácil ponerme seria,

y pintar los raíles de este tren,

con tu saliva macerada en un rioja gran reserva,

sin yo ser catadora ni princesa.

 

He venido a decirte con voz automática

que el próximo tren llegará en un minuto,

y que he perdido quince orando,

pensando en porque cubrían su rostro con gafas de sol,

y sujetaban el bolso como quien protege una promesa.

 

He sido demasiado fuerte como para no lamentar,

las veinticuatro horas de una mariposa,

y no parecer cursi,

a un mundo que abrillanta sus baldosas con la química,

y su cabello,

y sus músculos de fantasía,

su retrato ficticio,

con filtros y más filtros de falsedad,

mientras va en busca de la verdad absoluta.

 

 

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Lost Highway. Análisis de la secuencia ” Encuentro con el extraño”

 

Lost Highway (Carretera perdida, en español) es un thriller psicológico de 1997, dirigido por David Lynch y protagonizado por Patricia Arquette, Bill Pullman y Balthazar Getty.

El proyecto de Carretera perdida comenzó con la expresión «Lost highway», que David Lynch leyó en boca de uno de los personajes del libro de Barry Gifford Night People. A partir de esa sugerente frase y de algunos otros pensamientos propios, Lynch planeó escribir algo con dicho autor, quien le había acompañado en otros proyectos como Corazón salvaje o los dos capítulos de la trilogía de episodios Hotel Room que Lynch dirigió para la televisión.

Lynch incluyó en el guion una anécdota que le sucedió realmente: alguien llamó al teléfono de su casa y dijo: «Dave, Dick Laurant está muerto», y aunque Lynch, que nunca llegó a saber ni quién le habló ni quién era Laurant, ha aclarado que uno de sus vecinos era un actor llamado David Landers y que, por tanto, todo puede haber sido una simple confusión. Siempre ha tratado de mantener un grado de misterio sobre esos hechos. De este modo fue, como él dice, utilizando una idea inicial para atrapar más ideas y construir un film que, como suele suceder en su caso (y en el de pocos más), no parte de una trama convencional, sino de impresiones y sensaciones (una frase y una canción) de las que el director se enamora y deja que le hablen para saber qué camino seguir a partir de entonces, y a las que tampoco duda en dejar fuera en la sala de montaje si entorpecen su camino o, simplemente, no funcionan como deberían. La película cuenta con una extraordinaria fotografía a cargo de Peter Deming en la que predominan los tonos rojizos y amarillentos.

El cine negro es uno de los referentes indudables de Carretera perdida. Numerosos films de dicho género son homenajeados en la película, como es el caso de Detour o Kiss Me Deadly.

Uno de los aspectos más destacables de este film y de toda la obra de Lynch es el empleo de la música. Para Carretera perdida Lynch contó, además de con su habitual compositor, Angelo Badalamenti, con Trent Reznor, o lo que es lo mismo, con Nine Inch Nails, con objeto de crear los ruidos ambientales que coronan la banda sonora, y en cuyo diseño Lynch estuvo muy implicado. La inclusión de Rammstein también tiene su miga: la banda alemana no dejaba de enviarle a Lynch su material, pero él no le hacía caso, hasta que se puso a escucharlo en el momento perfecto y sintió que era lo que necesitaba. La banda sonora también incluye canciones como Eye, de los Smashing Pumpkins; Insensatez de Antonio Carlos Jobim; una que Lynch llevaba años queriendo utilizar: Song for the Siren, de This Mortal Coil; y una versión de Doc Pomus a cargo de Lou Reed (This Magic Moment), que Gifford le descubrió al director. Y, por supuesto, está Marilyn Manson, un personaje estrambótico cuya colaboración con Lynch no se limita a lo musical (varias canciones para la banda sonora), ya que también aparece como actor en una de las grabaciones finales de la película junto a uno de los de su banda, Twiggy Ramírez. Incluso Manson ya tenía avanzada una colaboración con Lynch para la serie Mulholland Drive que al final quedó en nada al suspenderse un proyecto que, como es sabido, se convirtió finalmente en una película.

Un cine que transita entre lo comercial y la vanguardia. “El cine puede expresar esas cosas abstractas que la gente sabe pero de una forma diferente al conocimiento intelectual” dice Lynch.

Desde los títulos de crédito, que nos trasladan a una huída a través de una carretera que no tiene fin, solo iluminada por los faros de un coche que no vemos y bajo los acordes de la hipnótica canción de David Bowie “I’m Deranged”( “Estoy enajenado” en español) y la mítica y fundamental frase “Me gusta recordar las cosas a mi manera…no exactamente cómo ocurrieron” que el protagonista Fred Madison (interpretado por un sorprendente Bill Pullman) le dice a una pareja de policías en su domicilio, Lynch nos está dando la clave para comprender su obra. Todo está visto bajo el punto de vista de Fred Madison, por lo que todo es cierto y nada lo es, todo ha ocurrido y nada ha sido así. Ese es el truco, esa es la magia, ese es su acierto.

La historia de “Carretera Perdida” narrada de manera lineal se podría resumir en unas pocas líneas: Fred Madison, saxofonista con problemas sexuales en su matrimonio y obsesionado con la posibilidad de que su mujer le esté engañando con un mafioso de la ciudad que se dedica a la realización de películas snuff/pornográficas, mata a dicho mafioso y descuartiza a su mujer, para ser capturado posteriormente por la policía y sentenciado a la silla eléctrica. Pero no es todo tan sencillo y menos en una película de David Lynch.

LA SECUENCIA DEL ENCUENTRO CON EL HOMBRE MISTERIOSO

PRESENTACIÓN

He elegido esta secuencia porque me parece una de las más llamativas de toda la película. Personalmente, la imagen del hombre misterioso, su particular rostro y fisionomía se quedó clavada en mi mente durante mucho tiempo la primera vez que la vi. El hombre misterioso me parece realmente aterrador, y es un terror psicológico y oscuro que solo puede ofrecernos Lynch. Es una secuencia con un contenido narrativo extraño, es inquietante, mantiene el suspense de manera maravillosa, y creo que aunque no hayas visto la película, la secuencia te engancha a querer verla y entiendes perfectamente la sensación de miedo y de suspense que embriaga a quien se enfrenta al film entero. Con tan solo dos personajes y un dialogo brillante con un gran trasfondo metafórico, Lynch consigue mantenerte en vilo con la fuerza de la interrogación y de las imágenes, marcadas por una fotografía negra con tonos rojizos.

Como dice Fred Madison “Prefiero recordar las cosas a mi manera”. Todo el mundo hace eso en cierto modo. Sería inteligente por nuestra parte preguntarnos hasta qué punto uno puede fiarse de su propia memoria. A nivel psicológico me parece muy interesante la obra de Lynch, porque te quiere como espectador activo, te invita a pensar, por eso me gusta este director porque aboga por el lector-actor, porque tú crees la obra con él, y porque más que nunca con esta obra, ves las cosas tal y como, para bien y para mal, las quiere ver el protagonista.

El sueño es obviamente una parte importante en el cine de Lynch, y he elegido a este cineasta porque me apasiona el surrealismo, concretamente de Oscar Domínguez y Buñuel, y está claro que Lynch conoce el movimiento. Sin embargo él ha aludido muchas veces a las ensoñaciones o sueños de cuando uno está despierto como mayor fuente de creatividad que cuando uno está dormido. Porque cuando duermes no controlas tus sueños. “Me gusta sumergirme en un mundo onírico que yo he construido o descubierto, un mundo que yo elijo”.

Al igual que los surrealistas utilizaban la escritura automática, o las decalcomanías, Lynch crea de manera surrealista pero increíblemente estructurada. Como pintor y fotógrafo Lynch es realmente fascinante, y esos elementos simbólicos se trasladan a su cine, eso es algo que como creador no me parece equiparable a ningún otro, cultiva todos los géneros, quizá todos menos el de las palabras, y consigue ser un poeta que prescinde de ellas pero cuyos guiones son también obras maestras.

La idea de ningún sitio, de la Carretera perdida es fantástica como metáfora. También aparece en la habitación roja de Twin Peaks. En ella no existe el problema del tiempo y todo puede pasar. “Es una zona libre, completamente imprevisible y, por tanto, muy excitante, pero también aterradora”.

Normalmente la gente se comporta incómoda con la parte oscura de su psique. Lynch está extremadamente cómodo con ella, “cuanta más oscuridad seas capaz de descubrir, mayor será la luz que puedas ver”.

Otro gran motivo para elegir a David Lynch, a la hora de analizar una secuencia es la importancia del sonido ya que es el verdadero diseñador del sonido de sus palabras. El misterio siempre envuelve a Lynch, incluso cuando parece conocer el significado exacto de ciertas secuencias, a menudo responde con un “no sé, no lo diré”.

Lynch no siente el deseo de asignar palabras concretas a las imágenes o secuencias de sus películas con el único propósito de explicarlas o justificarlas. Cree ciegamente que ésta es una parte innecesaria e irrelevante de su proceso creativo. Puramente reduccionista. Y lo brillante de Lynch es su realidad poliédrica, sus variadas interpretaciones o reinterpretaciones. La posibilidad de debate.

FUNCIÓN DE LA SECUENCIA DENTRO DEL FRAGMENTO NARRATIVO DE LA PELÍCULA

Uno de los proyectos más antiguos y queridos de Lynch es la adaptación de la metamorfosis de Kafka. Reconoce tener el guion pero dice que es caro y que no le dará nada de dinero. Es por eso quizá que podemos ver en el universo Lynchniano muchos aspectos del mundo Kafkiano.

En la primera parte de la película sobre todo en el encuentro con el extraño tenemos la sensación de estar dentro de la pesadilla de otra persona. Esta parte recurre repetidamente al fundido y al fundido en negro, tanto de entrada como de salida.

En esta secuencia podemos percibir que a Lynch le gusta lentificarlo todo, los movimientos de cámara y los actores a pesar del escaso diálogo. Lynch no quiere confundirnos, quiere que sintamos el misterio porque el misterio es algo bueno, la confusión no. Esta secuencia introduce un mínimo indicio de amenaza o elemento extraño en una situación familiar, cosa que a Lynch le gusta plantear a menudo. “En la vida crees que las cosas son de determinada manera, y entonces sucede algo y ves que son de otra distinta, y tienes que enfrentarte a ello. Esas cosas me gustan realmente”.

El hombre misterioso recuerda al hombre de otro lugar de Twin Peaks, el representante de otro lugar. David Lynch se niega a decir lo que significa para él, tan sólo aporta que es una especie de abstracción.

Hoy día son muchísimas las películas que se montan con sistemas de ordenador no lineales como el Avid o Lightworks pero Lynch montó Carretera Perdida de forma tradicional, en negativo con una Kem. Lynch odia Avid. Odia la imagen, la pantalla de televisión y odia sentirse tan alejado. Dice que es una imagen falsa, barata, mala. Y reconoce no tener la menor idea de cómo funciona. “Está muy bien para montar un anuncio con dieciséis niveles distintos de cosas. Pero para un largometraje donde el noventa y nueve por ciento son planos directos, no hay nada como una Kem y la imagen de calidad”.

Lynch no se documentó para nada sobre la fuga psicogénica, la esquizofrenia, o temas psicológicos, esas conexiones surgieron y se hicieron visibles respecto a estos temas.

Cuando aparece el hombre de negro, parece como si el tiempo se parase y no existiera nada más que Fred el personaje protagonista de la primera parte de la película y esta extraña aparición. La razón es que ese ser es realmente la conciencia de Fred Madison. Su peculiar y oscuro Pepito Grillo que sirve a la mente de Fred para acceder a su mundo fantástico e irreal y devolverle a la cruda y sórdida realidad y al terrible acto que ha cometido. Por eso este Hombre de Negro llevará más tarde la cámara de vídeo. Es la representación de la pura y simple realidad sin manipular, un espectador claramente objetivo que graba con certera precisión los acontecimientos sin adulterar.

El hombre misterioso es la entrada del mal en la vida del asesino, la entrada del mal de frente, que le dice “Me invitaste a tu casa, no suelo ir dónde no me han invitado”.  Este hombre al igual que Pete funciona como alter-ego idealizado en la etapa de negación del asesinato que ha cometido, es el alter-ego más deshumanizado y grotesco del psicópata, el que menos quiere creer y visualizar en su desquebrajado espejo.

Por eso el hombre le dice ahora mismo estoy en tu casa, llámame. Y es el teléfono el artilugio que conecta los dos mundos paralelos que ha creado alguien que está huyendo de la realidad. Que está perdido, conduciendo por una carretera misteriosa, confundido. No quiere creer, no quiere ver y es el hombre de negro, el personaje que parece como un mago hacerle un truco de magia que lo invita a despertar.

Lo interesante de la secuencia y de la película, es que nosotros vemos la vida como Fred, nos llegamos a creer la visión de Fred, a sentirlo totalmente alejado de ese personaje misterioso y oscuro que es el “invitado”. El hombre misterioso representa sus celos, los celos que han acabado con la vida de su mujer.

Pero nuestro protagonista pasa por las diferentes etapas del duelo de la muerte del ser amado, y en concreto en este momento de la película se encuentra en la negación. La muerte no es solamente la pérdida física de su mujer sino su muerte espiritual cuando descubre que el arquetipo de mujer inocente ha muerto, cuando descubre o sospecha de la muerte de su mujer. Cuando sus ideales y todo en lo que cree o el cree que debería ser así, se esfuman.

ANÁLISIS

Es interesante el concepto de parón temporal y del tiempo y del espacio contenido en la acción que presenta esta secuencia. El hombre misterioso está en dos sitios a la vez. Fred recuerda las cosas como bien dice a su manera. Carretera Perdida explora los efectos de vivir en un mundo caracterizado por la paramnesia. Una forma de déjà vu, la paramnesia es una disyunción de sensación y percepción, en la cual uno tiene la sensación ineludible de haber vivido ya un momento en el tiempo, de un testigo de su vida.

Según Bergson, la “paramnesia” (ilusión de ya visto, de ya vivido) no hace más que volver perceptible esta evidencia: hay un recuerdo del presente, contemporáneo del propio presente, tan bien adherido como un rol al actor. “Nuestra existencia actual, a medida que se desenvuelve en el tiempo, se duplica, pues, en una existencia virtual, en una imagen en espejo”.

 

El efecto de esta duplicación es evidentemente misterioso; como Bergson continúa  describiéndolo: “Aquel que tome conciencia del desdoblamiento continuo de su presente en percepción y recuerdo será comparable al actor que interpreta automáticamente su rol, escuchándose y mirándose interpretar”

 

En esta secuencia el elemento simbólico del teléfono, de la tecnología, tiene una gran carga narrativa. La tecnología tiene una presencia en el trabajo de Lynch, no simplemente como un conducto o medio, sino como un elemento de deformación. En Carretera Perdida, el funcionamiento de la tecnología es constantemente puesto de manifiesto, de dos modos principalmente: uno, por el retardo temporal, como el mensaje del intercomunicador que está “perdido en el medio” durante la película, y dos, por una calidad ruidosa “o sucia”, donde una imagen en la pantalla de vídeo compite en significación con lo estático entre cuadros, y donde los “fallos” de la tecnología suponen la reorganización brutal de la forma humana. Como un salto de registro, las películas de Lynch indican que estos aspectos de la tecnología no son meras molestias.

Lynch utiliza la cámara lenta, el dialogo repetitivo para hacer alusión también a nuestra memoria y recordarnos que está hablando de la memoria, cuestionando nuestros recuerdos. El resultado provoca que la acción en la secuencia, nueva al espectador y narrativamente al personaje, parezca repetida y ya anclada en el pasado. Esta cualidad onírica es responsable tanto del efecto de loop temporal, como de la estructura narrativa de la película.

En esta secuencia nuestro hombre misterioso, está en dos lugares simultáneamente, física y tele físicamente presente. Su aproximación genera un molesto sonido en el ambiente de la fiesta hasta que desaparece,  casi como si él y Fred  se movieran en un tipo de tiempo diferente. Hay una asociación del hombre misterioso con la muerte, la suspensión de los dispositivos de grabación y comunicación en la película. Esta muerte está asociada con las distorsiones de espacio y tiempo, con la reversibilidad. El hombre misterioso produce un tipo de suspense narrativo. La voz en el teléfono incrementa su efecto al ser a la vez no-diegética e ilocalizable, espectralmente encarnada por el hombre misterioso. Los escritores sobre el inicio del cine señalaron el paralelismo entre la naturaleza científica, probatoria de percepción fílmica, y sus efectos secundarios misteriosos. Esto viene ser “el pelo de  abstracción”(como definió Lynch al concepto del hombre misterioso)  la literalización espectral.

 

La secuencia analizada: La primera aparición del Hombre Misterioso en la fiesta nocturna en casa de Andy, el amigo de Renée, reviste una serie de particularidades que le dotan de cierta clausura e independencia como pieza estética, motivo por el cual fue seleccionada para el tráiler promocional en video y salas de exhibición cinematográfica:

Renée, visiblemente ebria, saluda a Andy y pide un whisky a Fred, que se encamina a buscarlo. Desde la barra, Fred observa que un Hombre Misterioso, pálido, con el cabello engominado y elegantemente vestido de negro se acerca a él.

                

Hombre Misterioso

¿Nos Conocemos, verdad?

 

Fred

 

Yo diría que no. ¿Dónde cree usted que nos conocimos?

 

Hombre Misterioso

 

En tu casa. ¿No te acuerdas?

 

Fred

 

No, no lo recuerdo. ¿Está seguro?

 

Hombre Misterioso.

 

Por supuesto. Es más, de hecho, ahora mismo estoy allí.

 

Fred

 

¿Qué quiere decir? ¿Dónde está ahora?

 

 

Hombre Misterioso

 

En tu casa

 

Fred

Eso es una gilipollez

 

El Hombre Misterioso esgrime un teléfono móvil y se lo da a Fred.

 

Hombre Misterioso

Llámame. Marca tu número.

 

Fred marca su número.

 

Voz Telefónica Hombre Misterioso

Ya te dije que estaba aquí.

 

Fred

 

¿Cómo lo ha hecho?

 

Hombre Misterioso

 

Pregúntemelo

 

Fred (Enfadado, al teléfono)

 

¿Cómo lo ha hecho?

 

Hombre Misterioso

 

Tú me invitaste. No tengo por costumbre ir allí donde no me llaman

 

Fred (al teléfono)

 

¿Quién es usted?

El Hombre Misterioso prorrumpe en una carcajada estridente en persona y, a la par, porteléfono.

Voz Telefónica del Hombre Misterioso

Devuélveme mi teléfono.

Fred le devuelve el teléfono.

Hombre Misterioso

Ha sido un placer hablar contigo

El Hombre Misterioso se aleja de Fred, mientras Renée se le aproxima y le recrimina nohaberle llevado la bebida. Fred se acerca a Andy, el anfitrión.

(Señalando al Hombre Misterioso)

 

Andy, ¿Quién es ese tipo?

 

Andy

 

No sé cómo se llama. Es amigo de Dick Laurent, creo.

 

Fred

 

Dick Laurent

 

Andy

 

Sí, eso creo

 

Fred

(Recordando)

Pero Dick Laurent está muerto, ¿No?

 

Andy

¿Ah sí? No sabía que le conocieses.

¿Cómo sabes que ha muerto?

 

Andy y Renée intercabian una mirada, que Fred no percibe.

 

Fred

No sé. No le conozco.

 

Andy

(Enfadado)

¿Quién te ha dicho que está muerto? No puede estar muerto.

 

Renée

 

Cariño… ¿Quién, quién está muerto?

 

Finalmente, Fred toma del brazo a Renée y, pese a las protestas de ésta, marchan de la fiesta.

 

Numerosos cabos narrativos hilvanan esta secuencia cuyo atractivo es fruto tanto de una impecable y sencilla construcción estética como de un desplazamiento del equilibrio trópico entre los contenidos literal y figural desde la alegorosis hasta la abierta alegoría, sustentada sobre una serie de elementos iconográficos contemporáneos. Si bien el cine de Lynch ha recurrido habitualmente a proyectar en negativo los atributos del protagonista sobre otro personaje -el Frank Booth de Blue Velvet constituye el reverso negativo de Jeffrey-, el Hombre Misterioso encarna la faceta oscura y no reconocida por Fred de forma alegórica, y en virtud de una serie de recursos plásticos e iconográficos emparentados con la muerte -”No tengo por costumbre ir donde no me llaman”-, y en especial con su representación en El Séptimo Sello de Bergman.

 

La secuencia es lineal. Aunque el desarrollo del relato lo es y cada historia presente en la obra también ostenta una cronología sucesiva, los numerosos indicios narrativos y las prolepsis y analepsis que asoman por entre las articulaciones del relato desestiman esta opción de linealidad. Las dos principales regiones temporales conviven en el presente, expuestas de forma sucesiva, pero afectando a un mismo mundo objetivo.

 

 

+3
  

De mayor quiero ser como Ada Wong

 

Mujeres, intoxicadas por cincuenta sombras

reducidas al mito de Pigmalión,

reeducadas por musculosos maromos con fusta,

admiradoras de hombres, idiotas y viceversa.

 

Desterradas de Venus,

visitantes de un mundo que intenta colonizar nuestro vientre,

como quien conquista la luna,

y se cachondea como un duende verde,

que custodia nuestro techo de cristal.

 

Mujeres,

que hinchamos nuestros pechos y nos da verguenza nombrarlos,

que descubrimos nuestros pezones como pancartas,

derramando nuestro fruto en una tierra,

que no quiere amamantarse, sino inmolarse.

 

Mujeres,

que jamás han probado su sangre,

sí, señores, esa sangre.

Y la ocultan, se averguenzan como san Benitos.

 

Censuramos nuestras curvas,

y estudiamos la matemática del pelo exacto,

¿Las esposas nos resultan excitantes?

No,

Yo os pido,

que arañéis el cartón botulínico

y saquéis vuestra ama muerta de la tumba.

 

Que suenen las campanas del espejo,

y una bruja sin escoba rayando aspiradoras,

con manicura francesa de primera,

escupa a Cristian Grey

y azote sus mejillas sonrosadas.

 

Herederas de Safo de Lesbos,

marcadas en el ritmo y el criterio masculino,

almas caritativas que babean

con el beso de Britney y Madonna,

y se asquean del vello púbico en verano.

 

¿Dónde están las mujeres que corren con los lobos?

El origen del mundo está entre nuestras piernas,

y no en sus cruces, en sus velos y blasfemias,

El futuro de este planeta,

lo tienen las yeguas desbocadas,

las águilas salvajes y las leonas liberadas.

 

Que se den en los dientes

con el hueso de la manzana,

que nos comimos entera,

no necesitamos pantalones

ni dos buenas razones.

 

Sólo nos limitan cárceles de michelines,

cuentos de princesas quejicas,

cortinas de humo baratas.

Hay una espada en nuestras lenguas

y fuego eterno en las miradas.

 

Nada es más sencillo que romper la baraja,

cuando se tienen todas las cartas,

aprendices de heroínas tan sólo diseñadas para adictos virtuales,

Es hora de salir de la fábrica de muñecas

¿O acaso esperáis a vuestras bodas?

 

mujer liberada mujer liberada2

mujer liberada3

+1
  

Poema (De madre a hija)

Mi madre, que también escribe y cosa que yo no supe hasta que comencé a escribir, lo cual fue bastante temprano y algunos dirán que es del tipo de cosas que se heredan, como el color de los ojos y los dolores de espalda. No quiero meterme en debate sobre si realmente no solamente heredamos el carácter sino que también heredamos ciertas disposiciones para hacer según qué cosas.

Ya que estamos en estas fechas tan sentimentales y edulcoradas, voy a publicar hoy un poema de mi madre que escribió para mí. Menudo orgullo. Porque una tanto ser poeta, y tanta poesía, y es el primer y único poema que me han escrito.

Mi madre es de esas escritoras intimistas no en la temática, sino a lo Salinger. No considera buena idea eso de publicar sus versos, unos pensarán que es egoísmo, otros falta de egolatría y exceso de sabiduría. En cualquier caso, es uno de los poemas más bellos que una madre hizo a su hija, que por otra parte no he leído muchos.

 

Cuando tu te sientas sola,

y ya no encuentres las palabras,

Cuando haya temor o miedo,

Cuando te falten las ganas

 

Abre tu ventana, niña

y mira al lucero al alba

 

Allí siempre va un deseo,

una ilusión, la esperanza

 

Y verás como la noche

se va iluminando y blanca,

una luz que sobrecoge

dará fuerza a tu mañana.

 

Cada deseo se esconde

y es la fuerza que da calma,

y todos te los devuelve

con una sola palabra.

No sientas dolor, mi niña

que pronto, de madrugada,

cambiarán todas las cosas

porque mi luz es la vida,

la libertad y esperanza.

 

Doy gracias por haber tenido una madre tan especial, capaz de regalarme estos bellos momentos. Para todas las madres, y en especial a la unión de todas las madres con sus hijos. Por lo que solamente ellas alcanzan a entender, me permito robarle este poema a mi madre, que me hizo con todo su cariño, y compartir su fuerza y su amor, con vosotros.

 

madrehija

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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THE WALKING DEAD

 

Siento frío al perderme entre tus brazos,

y un hastío perenne en las caderas,

vergüenza de un aire insípido,

de un vulgar imitador a poema.

 

Hace tiempo que todas vuestras canciones

me aburren,

trasnochadas voces, denostados pasos,

y pienso en aquella ciudad,

en aquellos veranos,

y me acuerdo de ti y de las ilusiones,

de los sueños cuando eran niños,

antes de partir para siempre.

 

Y odio este panorama absurdo

                                      quejica

                                      desolador,

este arte con sabor a pan congelado,

que se deshace entre los dedos,

y no alimenta nada.

 

Voy buscando el arca perdida

de la alianza, sin atuendos estúpidos

ni pretensiones ridículas

porque no sé dónde está.

 

No es ninguna novedad la soledad entre los ganados,

entre los abrazos, consejos y cafés,

no es ninguna novedad el espíritu atormentado

y aún así la diana y el muñeco,

al que todo tira flechas,

me parece victimista y penoso.

 

Por eso me he quitado los clavos uno por uno,

y he bajado de mi cruz, hacia el mar,

la libertad.

 

Y todo tiene un color tan oscuro, tan ruin

nada está pintado con esmero,

ni si quiera las líneas del cielo,

las llaves del suelo

porque mi tierra gime, llora y son las lágrimas

pequeños puñales que repentinamente saltan

y que esquivas intentando que no te arañen la cara,

y te quiten ese estupendo maquillaje,

el bótox y los años felices.

 

Al fin y al cabo,

nos gustan tanto los survival zombie

porque somos como ellos.

Unos cabrones desdentados que juegan a morder

a un puñado de humanos,

luchando por ser algo verdadero.

 

Shane, personaje de la serie "The walking dead"una serie de televisión iniciada en 2010 desarrollada por Frank Darabont y basada en la serie de cómics homónima.

Shane, personaje de la serie “The walking dead” una serie de televisión iniciada en 2010 desarrollada por Frank Darabont y basada en la serie de cómics homónima.

 

 

 

 

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EXTRATERRESTRE

 

Tu yo nos hemos abandonado.

 

Separado e alienado.

 

Te estoy hablando a ti, extraterrestre,

 

espejo desfigurado,

 

creías ser… y no eras más que…

 

El aire. Niebla. Un suspiro. Diente de león. El siguiente.

 

 

 

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